La radiodifusión y las telecomunicaciones a dos años de la reforma constitucional en México

ReformaTelecom

Por Gabriel Sosa Plata

Profesor e investigador de la UAM

Publicado originalmente en portal revista Zócalo, marzo 2015

La semana pasada, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) dio a conocer un estudio sobre lo que ven y escuchan las niñas y niños en México en la radio y la televisión.

Hay algunos datos que es importante recuperar. En 2014 niños y niñas pasaron frente a la TV un promedio de 4 horas con 34 minutos. De 2006 a 2014 la permanencia frente al televisor se ha incrementado 24 minutos.

El canal que más se ve en la televisión abierta es el canal 5 y luego el canal 2, pese a que el Canal de las Estrellas tiene únicamente un programa, el de Chabelo, con contenido dirigido al público infantil.

En cuanto a la televisión de paga, se observa el mismo hábito. Los niños que tienen en su casa los servicios de Izzi Telecom, Sky o Dish, dedican más horas a ver los canales 2 y 5, de Televisa. En tercer lugar Cartoon Network, luego los canales de Disney: Disney X D, Disney Junior, Disney TV Pag, y Discovery, entre otros.

En programación, al verse primordialmente los canales 5 y 2, tanto en televisión abierta y televisión de paga, es obvio que niñas y niños están expuestos, en primer lugar, a las telenovelas, en segundo lugar a los reality shows (o sea “Laura” de Laura Bozzo y otros similares) y en tercer lugar a los dramatizados unitarios (léase “La Rosa de Guadalupe” y más).

En cuarto sitio están las caricaturas y en quinto, otro género no destinado específicamente para ellos, los programas de concurso.

Esto explica el por qué, en 2014, entre los cinco programas más vistos por la niñez, tres son telenovelas “Mi corazón es tuyo”, “Lo que la vida me robó” y “Hasta el fin del mundo te amaré”, y sólo dos hayan sido programas para este público: “Shrek” y “Maratón Bob Esponja”.

Esto sucede en nuestro país por diversas razones, entre éstas la ausencia de políticas públicas en materia de medios de comunicación y niñez, pese a que ya tenemos, incluso, una nueva ley sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Esto también es consecuencia de un modelo de radiodifusión y telecomunicaciones muy concentrado, en pocas manos, y que no se ha modificado en décadas, no obstante la existencia del nuevo marco regulatorio. Así que el problema de las telecomunicaciones y la radiodifusión es no sólo un problema de fierros, de infraestructura, de negocios prósperos, sino también de contenidos, de contenidos de calidad.

Televisa, más concentrada

El problema de la concentración no se resolvió con una reforma constitucional, derivada de un pacto político inédito en México. Es más, hoy Televisa está más concentrada que hace un año.

Hoy América Móvil no ha perdido su cuota de mercado como preponderante.

Y es cierto que el nuevo órgano regulador de las telecomunicaciones impuso una serie de obligaciones a los agentes económicos preponderantes: Televisa y América Móvil, para crear mercados más competitivos, pero no han sido acciones suficientes para modificar el status quo de los sectores de radiodifusión y telecomunicaciones.

Con industrias tan concentradas se inhiben los intentos para participar en los mercados de las telecomunicaciones en México.

Los impulsores de la reforma constitucional prometieron que durante el sexenio habría inversiones cercanas a los 50 mil millones de dólares durante este sexenio, pero las inversiones no han llegado como se esperaba porque el margen de maniobra es estrecho, no obstante las medidas regulatorias.

Es cierto, AT&T adquirió dos empresas: Iusacell y Nextel. Pagó por ambas 4 mil 400 millones de dólares y se convirtió de la noche a la mañana en el tercer operador de la telefonía móvil en México, con 12 millones de clientes. ¿Estas inversiones son producto de la reforma constitucional? Pudo haber incidido el nuevo régimen jurídico, sobre todo por la compartición de infraestructura de Telmex y Telcel, pero a mi parecer otros factores impulsaron estas operaciones: la devaluación del peso frente al dólar, el crecimiento del valor de las frecuencias del espectro radioeléctrico, el anuncio de la venta de activos por parte de América Móvil y la visión de un modelo de negocio, menos doméstico, y más global entre México y Estados Unidos, aprovechando el crecimiento del poder económico del mercado hispano en la nación americana.

Pero en todo caso AT&T es casi la excepción de la regla. Es cierto que ya entraron al mercado nuevos operadores móviles virtuales, pero su evolución ha sido lenta y no alterarán la hegemonía de los tres principales operadores: América Móvil, Telefónica y ahora AT&T. Ni siquiera Virgin Mobile, de Richard Branson, pudo hacer un rasguño a la competencia y está prácticamente en banca rota en México. ¿Hay otras áreas de oportunidad en la telefonía móvil? ¿con tres grandes jugadores globales? No las veo. Más bien podríamos ver una alianza de Televisa con Telefónica, para competir en mejores condiciones frente a América Móvil y AT&T. Y la absorción o compra de la mexicana Axtel, de Tomás Milmo, ya sea por parte de Televisa, Telefónica o la misma AT&T, acrecentando la concentración en el sector.

En el mercado satelital, Eutelsat sorprendió con la adquisición de Satmex por 831 millones de dólares, en julio de 2013, inmediatamente después de entrar en vigencia la reforma constitucional. Fue una operación bienvenida porque rescató a una empresa que estaba en desgracia desde hace varios años y alentó la esperanza de los millones de dólares que llegarían al país con motivo de la reforma estructural, pero se trató de una operación inusual. Al igual que otros sectores, el satelital es limitado, de pocas empresas y en general de pocos movimientos. Después de Satmex, escasas operaciones veremos en el mercado satelital mexicano.

En el mercado de la televisión de paga, tampoco se aprecian suficientes oportunidades. Hoy, como decíamos, el mercado está más concentrado. Televisa ya tiene alrededor del 65% de este mercado. Y esto fue posible por la incorporación del artículo noveno transitorio de la LFTR, que permitió llevar a cabo este tipo de concentraciones sin autorización del IFT. Lo más inverosímil es que estas concentraciones posiblemente habrían tenido más dificultades de concretizarse con la anterior ley de competencia económica y el órgano regulador que las autorizaba, es decir, la Comisión Federal de Competencia.

El mercado de la televisión de paga sólo tendrá un giro interesante cuando Telmex pueda ofrecer el servicio en su red y si AT&T decide lanzar de manera directa DirecTV en México, aunque esto parece lejano, por ahora, considerando que DirecTV es socio de Sky, de Televisa, con más del 40% de las acciones. En caso de hacerse realidad ambos movimientos, habría un impulso a los servicios de triple play y la convergencia, en beneficio de los consumidores, pero tampoco modificaría sustancialmente las reglas de un juego en el que participan por ahora tres grandes jugadores (Televisa, América Móvil y AT&T).

Las dos cadenas de TV

En cuanto a la radiodifusión, la reforma constitucional buscó una democratización de los medios de comunicación, mayor diversidad y pluralidad, pero las acciones también son mínimas frente a los retos que tenemos en este terreno.

La licitación de las dos cadenas de televisión no generó demasiado interés. Al final del día, después de una enorme expectativa por la histórica apertura de la televisión, sólo llegaron a la final dos empresarios: Olegario Vázquez Raña y su hijo Vázquez Aldir, de Grupo Empresarial Ángeles, y Francisco Aguirre, de Grupo Radio Centro. Ambos empresarios o uno podrían romper el duopolio de la televisión, pero para quedarse con pedazo significativo del pastel publicitario y la audiencia tendrán que pasar algunos años.

El dilema de la multiprogramación

El problema de concentración tuvo otro revés el mes pasado con la aprobación de los lineamientos sobre multiprogramación, lineamientos que sin lugar a dudas implicarán un beneficio para los operadores actuales y en particular para la empresa que controla cuatro cadenas de televisión, ya que sin necesidad de pagar un centavo adicional por la sobreexplotación del espectro radioeléctrico ni de tener obligaciones para la apertura de su infraestructura a la producción nacional independiente, podrán multiplicar su oferta de señales o canales, acaparando más anunciantes y audiencia.

La televisión pública tuvo, gracias a la reforma estructural, un mediano impulso de independencia y apertura con la creación del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, pero la ley dejó intacta la estructura de control político de las televisoras estatales en el país.

En el caso de los medios comunitarios e indígenas se obtuvo un triunfo histórico: su reconocimiento legal, pero su propia existencia quedó amarrada al presupuesto de comunicación social del gobierno y a lo que decida el IFT para abrir el espectro radioeléctrico a nuevos jugadores. Y ya desde ahora hay un indicio de lo que podría venir. Al dar a conocer su programa de concesionamiento para este año, el IFT informó que entregará 115 frecuencias en la banda de FM en ciudades ubicadas en 19 estados del país, de las cuales 97 frecuencias son para uso comercial y tan sólo 18 para uso social. Bien por la apertura a la radio comercial, un mercado pequeño, de unos 6 mil millones de pesos, que desde hace más de dos décadas no ha tenido a nuevos jugadores, salvo aquellos que han comprado estaciones, como los hermanos Vázquez Raña. Mal por la acotada, acotadísima, apertura a la radio comunitaria, indígena y social, que debe fortalecerse en México ante el crecimiento de la radio ilegal en diversas regiones del país.

En lo referente a los derechos de las audiencias, éstos quedaron reducidos a la buena disposición de los concesionarios y a las defensorías de audiencias, cuyos titulares, y no los concesionarios, son los que podrían ser sancionados por no dar seguimiento a las quejas de los radioescuchas o televidentes. A su vez, los derechos de los usuarios de servicios de telecomunicaciones quedaron también reducidos a algunos beneficios como el no pago por llamadas de larga distancia, la portabilidad numérica en 24 horas o la consulta de saldo gratuita. La disminución de las tarifas en servicios de telecomunicaciones era una tendencia que ya se venía presentando en el país, que tampoco podríamos atribuir única y exclusivamente a la reforma constitucional y la legislación secundaria en telecomunicaciones.

Lo que sigue

¿Expectativas? Bueno, ante las condiciones poco favorables para la inversión extranjera directa en telecomunicaciones (en específico en la telefonía móvil, la telefonía fija y la televisión de paga, por las razones que he comentado) y en radiodifusión (donde el candado de la reciprocidad y la barrera de 49% de control desincentiva una incursión extranjera en el sector), han cobrado interés los proyectos de red troncal de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de red compartida de banda ancha móvil, en los que se espera un flujo cuantioso de recursos y de oportunidades para hacer algunos buenos negocios en el país y expandir la conectividad, pero siempre y cuando se den las condiciones para ello.

Si nos basamos en lo que ha ocurrido con las licitaciones del tren ligero o de los televisores digitales, entonces tampoco podríamos ser optimistas, pero estamos a tiempo de que al menos estos proyectos se lleven a cabo con más transparencia, gracias a la presión de empresarios, especialistas y organizaciones de la sociedad.

En conclusión, México pudo, por fin, después de décadas, impulsar una reforma estructural en telecomunicaciones y radiodifusión. Por supuesto, la reforma tiene algunos méritos, entre éstos la creación de un órgano regulador autónomo, pero en general fue una reforma insuficiente para crear un nuevo modelo comunicacional, acorde a los cambios sociales y políticos que ha vivido México en las últimas décadas. Por eso decimos que la reforma estructural no fue tan estructural, quedó corta, acotada justo por los intereses que también durante décadas impidieron la actualización de su marco jurídico.

En el fortalecimiento de la democracia mexicana, aún hay una deuda pendiente en telecomunicaciones y radiodifusión. La pregunta es si tendrán que pasar 40 años más para saldar esta deuda con la sociedad. Espero que no.

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Gabriel Sosa Plata

Académico de la UAM-Xochimilco y analista de medios de comunicación

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Académico de la UAM-Xochimilco y analista de medios de comunicación

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